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mayo 2007
Tasmania y sus demonios, ¿mito o realidad?
En fin, (...) la gente a mi alrededor dudaba de la existencia de Tasmania. La principal referencia cultural que tenÃan acerca de esa isla australiana, si puede llamarse cultura a eso, es la de los dibujos animados, más concretamente todos se acordaban del “taz” de la Warner, el diablejo de tasmania que recorre velozmente los bosques arrasándolo todo, girando sobre sà mismo y gruñendo sin parar. Asombro general causó la noticia, sorprendente para ellos, de la existencia real tanto del diablo de Tasmania, como de la propia isla.
Pues sÃ, a pesar de que mucha gente piensa que no existen, los diablos, o demonios, de Tasmania (Sarcophilus laniarius) son unos interesante marsupiales carnÃvoros de negro pelaje y de tamaño similar al de un zorrillo o pequeño perro que, cuando les da por gritar, lanzan al aire un alarido que pone los pelos de punta. Este animal tasmano caza de todo, desde insectos a obejas y, gracias a su prodigiosa dentadura, es capaz de romper cualquier hueso.Antiguamente estos pequeños diablejos habitaron toda Australia, aunque actualmente sólo se les puede encontrar en Tasmania y, para colmo, están en peligro de extinción. Hasta los años cuarenta, los granjeros cazaban todo diablo que veÃan, porque lo primero era cuidar del ganado. Hoy están protegidos, pero aunque los humanos ya no los cazan por sistema, otros peligros acechan su vida, porque desde hace varios años una extraña enfermedad -un tipo de cáncer facial que provoca desagradables deformaciones en los pobres diablejos- está acabando con gran número de ellos.
En Tasmania, habitó otro animal interesante, el tilacino o tigre de Tasmania (Thylacinus cynocephalus). En el escudo oficial de la isla aparecen, flanqueando los emblemas del estado, dos orgullosos tilacinos. Tiene gracia, los humanos los colocan en el escudo de las tierras en la que habita, pero se dedican a exterminarlos hasta que desaparecen. Hay quien dice que todavÃa queda alguno, aunque lo cierto es que, desde 1936, es un a
nimal oficialmente extinto. Aquellos carnÃvoros de gráciles formas, con caracterÃsticas franjas claras en sus cuartos traseros -de ahà lo de “tigre”- eran capaces de abrir sus mandÃbulas, provistas de cuarenta y seis dientes, casi hasta los lÃmites articulares para consumir grandes porciones de carne. Se dice que era capaz de ladrar como si de un perro se tratara, aunque lamentablemente aquellos marsupiales desaparecieron antes de que la ciencia los estudiara en profundidad, asà que poco se conoce acerca de su comportamiento.El tilacino, al igual que el diablo de Tasmania, vivió en gran parte de Australia pero se extinguió de territorio continental cuando tuvo que enfrentarse con un invasor implacable, el dingo importado por los humanos hace más de tres mil años. Los dingos no llegaron a Tasmania, asà que en la isla “santuario” lograron sobrevivir hasta que los europeos desembarcaron con otro enemigo mortal, las ovejas. No es que el lanudo mamÃfero fuera peligroso en sÃ, lo malo está en que era demasiado apetitoso y las escopetas de los granjeros sà eran letales. Total, que se cazó al tigre de tasmania hasta desaparecer. Un pobre ejemplar de tan singular animal fue el último en ser visto con vida, en el zoológico de Hobart, capital de Tasmania.
TenÃan el tamaño de un perro de grandes dimensiones, 2.90m de la punta de la cola al hocico y un peso que podÃa rondar entre los 15 y los 35 kilos. PoseÃa una coloración marrón muy suave, pero con unas curiosas rayas encima de sus cuartos traseros, rayas que podrÃan variar entre un total de 13 y 21. Se distribuÃan por la cola y los muslos de las patas traseras. Su vientre de un color cremoso y su cola sin pelo no eran propias de un “perro”, si me permiten decirlo asÃ, normal. La cola parecÃa una extensión del cuerpo, bastante similar a la de un canguro pero de menor tamaño. Sin embargo una de sus caracterÃsticas mas curiosas era un pedazo de piel entre la plantilla y el tobillo del pie. Este último carácter aparecÃa en las huellas que dejaba cuando se paraba con sus tobillos sobre el piso a la manera de los canguros
Rasgos felinos en su hocico prominente que era capaz de abrir casi en un ángulo de 180º, corpulencia y morfologÃa de un gran perro de casi tres metros de longitud, extraño pelaje que nos recuerda a los cuartos traseros de un okapi, y bolsa marsupial como la de sus allegados los canguros. ¿No servirÃa esta descripción para hacer creer a muchos que hablamos de un animal de leyenda? Pues en cierto modo lo es.
La desaparición del thylacine está relacionada directamente con los colonizadores australianos, quienes trajeron consigo animales de corral como ovejas y gallinas que se convirtieron en presa fácil para estos marsupiales, y los mismos a su vez para los granjeros eventualmente convertidos en cazadores. Esa caza indiscriminada que incluso el gobierno apoyó pagando por las piezas capturadas logró que en 1935 ya no quedaran thylacines en libertad, muriendo el ultimo de los ejemplares censados en un zoológico en el año 1936. Cuando murió este ejemplar, la especie sencillamente se extinguió. Sin embargo, pese a esta opinión oficial muchos informes se recogieron después de 1936, desde entonces una ingente cantidad de personas afirma haber visto al animal por las zonas menos pobladas de Australia.
La desaparición del thylacine está relacionada directamente con los colonizadores australianos, quienes trajeron consigo animales de corral como ovejas y gallinas que se convirtieron en presa fácil para estos marsupiales, y los mismos a su vez para los granjeros eventualmente convertidos en cazadores. Esa caza indiscriminada que incluso el gobierno apoyó pagando por las piezas capturadas logró que en 1935 ya no quedaran thylacines en libertad, muriendo el ultimo de los ejemplares censados en un zoológico en el año 1936. Cuando murió este ejemplar, la especie sencillamente se extinguió. Sin embargo, pese a esta opinión oficial muchos informes se recogieron después de 1936, desde entonces una ingente cantidad de personas afirma haber visto al animal por las zonas menos pobladas de Australia.
Manda narices, el año en que murió este tilacino, 1936, el gobierno de la isla lo declaró como especie protegida. Lástima, ya no quedaba nada que proteger. En fin, Tasmania es una isla fascinante, que existe realmente por si todavÃa le quedaban dudas a alguien allá por el sur australiano.
tomado en parte del blog TecnologÃa Obsoleta,
de Alejandro Polanco Masa (http://www.alpoma.net/tecob/?p=508)
y completado un poco con información de otro blog Mundo oculto (http://gudariherio.blogspot.es/)
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